04 marzo 2017

“La cuaresma es un nuevo comienzo”



“La cuaresma es un nuevo comienzo”, así lo define el Papa Francisco en su mensaje para este tiempo litúrgico que nos lleva hasta la celebración de la Pascua. Una oportunidad para escuchar el llamado a la conversión, y acércanos a Dios a través de su Palabra y el encuentro con el prójimo.

Con las prácticas cuaresmales del ayuno, la oración y la limosna estamos invitados a vivir un estrecho encuentro con el corazón misericordioso de Dios, mediante su Palabra y las obras de la misericordia.

Para ello es necesario reconocer al hermano como un regalo de Dios, una oportunidad para ser fuente de la misericordia para ellos. “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor”, dice Francisco en su mensaje.

Un nuevo comienzo que también se expresa en el amor a la Palabra de Dios, y la disposición para dejarnos guiar por el Espíritu Santo y discernir la acción de la Sagrada Escritura en nuestra vida. “La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil”.

La Palabra y el prójimo son un don de Dios, que deben ser acogidos en el corazón para hacerlos nuestros, y no permitir que la tentación del pecado, la indiferencia, el egoísmo nos cierre a ellos.  Esta cuaresma es un nuevo comienzo, Jesucristo no se cansa de perdonar. Su misericordia es infinita y nos interpela a ser testigos de ella, orando y mediando la Palabra de Dios el servicio de la caridad al prójimo.

“Acercarse al otro hasta identificarse con él”



“Enfrentamos la crisis del paradigma imperante, un sistema que causa enormes sufrimientos a la familia humana”, advierte el Papa Francisco a los Movimientos Populares que se encuentran, del 16 al 19 de febrero en California. Una reflexión que atiende la necesidad de custodiar los valores fundamentales de la persona humana ante los intereses materiales.

María consoladora de los afligidos


La mirada de la Virgen María custodia y consuela a los enfermos, ella que es consoladora de los afligidos atiende con la misma compasión de su Hijo a quienes unen sus dolores a los sufrimientos de Cristo en la cruz. En la Virgen Madre sus hijos encuentran el amor maternal que acompaña en la enfermedad.

Ser antorchas vivas desde la fe



El compromiso de todo bautizado abraza la fuerza que el Espíritu Santo proporciona para vivir la gracia de ser sal de la tierra y luz del mundo, dos elementos que dan sabor y sentido a la vida del cristiano. Por ello con el Evangelio (Mt 5, 13-16) entendemos que ni la sal puede ser insípida ni la luz se puede escondida.