25 septiembre 2016

Lázaro y la diferencia





Ver y no observar, oír y no escuchar, palpar y no sentir son parte del problema que atraviesa la sociedad actual: la indiferencia; limitarse a no querer apreciar el sufrimiento y las necesidades de los demás.

Cada día vemos el episodio del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31)  en la vida cotidiana, y lo peor que nos puede pasar es seguir asimiento la actitud del rico egoísta e indiferente.

Dice el Evangelio: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas” (Lucas 16, 19-21).

La situación de Lázaro no es percibida por quien acumula egoísmo en su corazón para enriquecerse de indiferencia que, es una de las graves cegueras del hombre y la mujer. ¿Cómo combatir la indiferencia?, el apóstol Pablo no orienta al respecto en su carta a Timoteo: “busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” (1Ti 6, 11).

El Apóstol también llama este itinerario “el combate de la fe”, porque es precisamente desde la experiencia de fe en Cristo resucitado que podemos aniquilar la diferencia, para amar y servir al prójimo con la misma misericordia de Jesucristo.

18 septiembre 2016

“Astucia cristiana” vs “astucia mundana”



“Ningún siervo puede servir a dos señores” (Lucas 16, 13), porque terminará siendo infiel a uno de ellos. ¿A quién debemos servir?, el bien o el mal, a la tristeza o la alegría, la honestidad o la corrupción, la astucia del mundana o la astucia cristiana.

07 agosto 2016

Unidos al corazón de Cristo





“Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lc 12, 34), advierte Jesús a sus discípulos para que aprendamos a valorar lo que realmente nos une a su amor misericordioso y a la fraternidad con el prójimo que es tesoro también de la presencia de Dios.

10 julio 2016

Levantar, acompañar y sanar al prójimo


@padrejohan

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10, 27), es la respuesta diáfana que retumba en el corazón del cristiano cuando preguntamos sobre cómo ha de ser nuestro actuar.