25 septiembre 2010

Virgen de las Merecedes: Madre que guía a la Liberación


Esta es una oportunidad muy propicia para reconocer las bondades de la santísima Virgen María, que es Madre de Dios y madre nuestra. De manera especial reconociéndole bajo la advocación de la Merced, Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de los cautivos, de los encarcelados, y también de quienes son presos por el pecado. Pues ella es un camino de liberación que nos lleva hacia su Hijo Jesucristo.
En esta linda población, tierra que me permitió crecer bajo el amparo de Nuestra Señora de las Mercedes, veneramos la hermosa imagen de la virgen de los cautivos. Y hoy en honor a ella, y a los 417 de años de fundación y 236 de las festividades en honor a la vice patrona de Lobatera, Nuestra Señora de la Mercedes. Vamos a conocer un poco de su historia, y de su permanente cuidado para con cada uno de nosotros.
Mercedes procede del latín Mercedem, que significa “merced, premio, precio”; es de la raíz merc- en la que domina Mercurio, el dios del comercio, que comprende todo lo que tiene que ver con comprar y vender. El origen de este nombre propio va mucho más allá del comercio; viene del gran movimiento de solidaridad de los cristianos para rescatar a cualquier precio a los cristianos cautivos de los invasores y opresores de la época medieval.
En castellano se le ha llamado en plural, Virgen de las Mercedes, que no corresponde con el sentido originario de la advocación. El significado del título "Merced" es ante todo "misericordia". La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de asemejarnos a Jesús misericordioso.
El título mariano la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España. En esa época muchos eran cautivos y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo más preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos.
En el año 1696, el Papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal. Pero a pesar de ello, la Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una de las advocaciones marianas de la Bienaventurada Virgen María en la actualidad. Se la llama también Generala de los Ejércitos Celestiales, la Mujer Vestida de Sol y la Reina de la Paz. En su conmemoración se ha establecido la fiesta de la Merced o de las Mercedes, el día 24 de septiembre.
La historia de la devoción de las Virgen de las Mercedes, cuenta que el 1 de agosto de 1218, fiesta del santo fundador de la Orden de los Mercedarios, Pedro Nolasco, tuvo una visita de la Santísima Virgen, dándose a conocer como La Merced, que lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con el fin principal de redimir a aquellos cristianos cautivos. En ese momento, la península Ibérica estaba dominada por los piratas sarracenos que asolaban las costas del Mediterráneo, haciendo miles de cautivos a quienes llevaban al norte de África.
San Pedro Nolasco impulsó la creación de la Celeste, Real y Militar Orden de la Merced, que fue fundada en la Catedral de Barcelona con el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el consejo de san Raimundo de Peñafort. Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los redimidos por los frailes mercedarios del cautiverio. Unos tres mil son los religiosos que se consideran mártires por morir en cumplimiento de su voto.
San Pedro Nolasco y sus frailes muy devotos de la Virgen María, la tomaron como patrona y guía. Su espiritualidad es fundamentada en Jesús el liberador de la humanidad y en la Santísima Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora.
En 1272, tras la muerte del fundador, los frailes toman oficialmente el nombre de La Orden de Santa María de la Merced, de la redención de los cautivos, pero son más conocidos como mercedarios. Esta comunidad religiosa se ha dedicado por siglos a ayudar a los prisioneros y ha tenido mártires y santos. Desde el año 1259 los padres Mercedarios empiezan a difundir la devoción a Nuestra Señora de la Merced (o de las Mercedes) la cual se extiende por el mundo. Llegan al continente americano y pronto la devoción a la Virgen de la Merced se propaga ampliamente. En República Dominicana, Perú, Argentina, Venezuela y muchos otros países, la Virgen de la Merced es muy conocida y amada.
Como es también amada y venerada en Lobatera, como la madre que nos guía y nos libra de la opresión del pecado, de la injustica. Y nosotros como sus hijos debemos dar testimonio de la liberación que nos concede y del camino que nos presenta para que lleguemos alcanzar los meritos de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
Y hoy ante la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, preguntémonos ¿cuales son las cárceles que nos encierran? O ¿Cuáles son los pecados que nos alejan de Cristo? Y en nuestra sociedad ¿Quiénes son los cautivos? Que necesitan ser liberados de la opresión, de la pobreza, de la indiferencia nuestra. Y en nuestra nación ¿de quién necesitamos ser liberados?, de la corrupción, de la mentira, de la miseria, del hambre, de las acciones malas de quienes ejercen la violencia contra los seres humanos.
Sea cual sea la liberación que necesitemos, en esta fiesta en honor a la Virgen de las Mercedes tenemos el deber cristianos de tenerla a ella como la mediadora, entre nosotros y su Hijo Jesucristo. El Concilio Vaticano II, en su Constitución Lumen Gentium, nos recuerda que “la Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”. Ella es la luz maternal que Dios nos coloca en el camino para que reedifiquemos nuestra vida, nuestra sociedad, ella será quien nos muestre el esplendor misericordioso de Cristo.
Esa liberación también debe buscarse desde la Iglesia, en su comunión y participación, con el mismo ejemplo que nos brinda la Madre Santísima, “a saber en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión a Cristo”. Tres características que todo cristiano, devoto a la Virgen Liberadora y miembro de la Iglesia de su Hijo, debe imitar.
En el orden de la fe, porque inicia nuestra relación personal con Dios. El Concilio Vaticano I, enseñaba que “por la fe quedamos habilitados para confiar todo nuestro ser a Dios, le ofrecemos el homenaje total de nuestro entendimiento y voluntad y asentimos libremente a lo que Dios revela. La fe es un don permanente los que la han recibido bajo el magisterio de la Iglesia no pueden tener jamás causa justa de cambiar o poner en duda esa fe”.
De igual manera debemos imitar la virtud de la caridad de la Virgen María, porque nos ayuda a ir al encuentro de nuestros hermanos y hermanas. Enseña el Papa Benedicto XVI que la caridad, “no significa ante todo el acto o el sentimiento benéfico, sino el don espiritual, el amor de Dios que el Espíritu Santo infunde en el corazón humano y que lleva a entregarse a su vez al mismo Dios y al prójimo”, será una premisa para todo cristiano: recibir la caridad de Dios para estar dispuestos y atentos para ayudar al prójimo.
Y la cualidad más excelsa de la Virgen es la unión a Cristo, cuántos de nosotros somos bautizados pero estamos lejos de Cristo. Y esa es la liberación que necesitamos obtener por mediación de la Virgen María, que nos libere de la indiferencia religiosa, del relativismo en todas su expresiones, de la pérdida del temor a Dios, y del pecado de omisión que cometemos por no ir al encuentro de nuestros hermanos.
La festividad de la Virgen de las Mercedes debe ser un signo para que nosotros aprovechemos las oportunidades de estar liberados de los que nos encadenan y nos aleja de Dios. La Virgen María “brilla ante el pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo”. Busquemos un compromiso en la Virgen María que nos ayude a superar nuestras dificultades, que el brillo de su maternal bendición sea la antorcha que nos conduzca al amor y a la felicidad verdadera, su Hijo Jesucristo.
Y en esta hermosa población encajonada en un valle de esperanza, entre las grandes montanas que nos rodean, ¿de qué necesitamos librarnos para ser una comunidad de más prosperidad económica, ambiental, social, y moralmente? Sera que necesitamos de la intercesión de la Virgen de las Mercedes para ser librados de la apatía, para hacernos responsables del éxito de nuestra vida común. Y dejar a un lado el egoísmo, que nos encierra en el solitario fracaso.
Por sus muchas características podríamos decir que esta tierra es un paraíso, un regalo de Dios para sus hijos. Tiene una hermosa vegetación, rica su tierra por su minería, su gente es atenta y trabajadora, con riqueza espiritual que incluso la lleva a venerar dos patronas. Hoy la Virgen de las Mercedes, y el 18 de noviembre la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.
Por lo cual se puede afirmar que es una tierra Mariana, que rinde un culto especial a la Santísima Virgen María. Manifestación que debe ser representada con cada una de los habitantes de esta población y de quienes la visitan para venerar a sus patronas. Y solo se podrá representar con el testimonio que cada uno, de su amistad con Cristo, que nos es otra cosa que ser verdaderos cristianos.
Ser una comunidad que venera a la Virgen María es vivir en cada hogar el rezo del santo rosario, escuchar en cada familia la plegaria del Ave María, percibir en cada persona su consagración a la Madre del Cielo. Que también se logra conseguir a través de la vivencia de los sacramentos, de la oración personal, de la lectura de la sagrada escritura.
Ser una persona consagrada a la Santísima Virgen es compartir los mismos sentimientos de la Madre de Dios, es decir, tener ese deseo profundo de estar siempre unidos a Cristo, de cumplir santamente la voluntad de Dios, y de ser servidores y misioneros del evangelio de Jesucristo.
El Papa Juan Pablo II en una de sus catequesis, enseñó que “el amor que los creyentes sienten hacia María difiere del que deben a Dios: mientras al Señor se le ha de amar sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (Mt 22,37), el sentimiento que tienen los cristianos hacia la Virgen es, en un plano espiritual, el afecto que tienen los hijos hacia su madre”.
Es sencillo entonces para nosotros amar a la Virgen María y rendirle un culto especial, porque todos tenemos o hemos tenido una madre. Ese es su labor, ser la madre que nos cobija con su santísimo mato. La madre que nos consuela en las necesidades, y la que nos lleva de la mano al encuentro con Cristo. Y por otra parte, el trato de un hijo a una madre, es de respeto, admiración, confianza, y de mucho amor.
El amor y el culto a la Virgen que no es superior al que rendimos a Dios, también nos debe hacer comprender que no podemos ser autónomos del Dios que nos ha creado. El Sumo Pontífice Benedicto XVI, nos recuerda en una de sus enseñanzas que “El hombre es grande, sólo si Dios es grande. Con María debemos comenzar a comprender que es así. No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Dios sea grande en nuestra vida”.
Porque esa es la meta que debemos alcanzar mediante la devoción a la Virgen María, en su advocación a de la Mercedes, permanecer en la presencia de Dios, o conseguir vivir aceptando la bendición de nuestro Creador. Pues solo con Él podremos decir, que somos sus hijos y que somos liberados por su amor, y por el consuelo que nos da la Virgen.
Solo con Dios presente en nuestra vida, y guiados por la Virgen María, seremos capaces de romper las cadenas del pecado que nos encierra. Dios es el liberador, y uno de sus instrumentos de liberación es la Virgen María Madre de la Iglesia. Una Iglesia que camina en el tiempo, y con el cambio constante de de la historia necesita del consuelo de una madre, del consejo de una mamá, del aliento de una protectora, de la liberación de una santa; ella es Nuestra Señora de las Mercedes.
Durante estos días en Venezuela necesitamos ser liberados de nuestra indiferencia para afrontar los problemas, para aceptar los errores, y para emprender proyectos que aseguren el futuro prospero de una nación liberada por nosotros mismos y de nosotros mismos. Pero la solución no está en otra persona, sino en cada uno como ser creado por Dios.
Pues es personal la decisión que toma, para trabajar en conjunto y buscar el bien común de la sociedad. No dando apoyo a tal o cual individuo, sino marcando pautas en nuestra propia vida, creando el proyecto de vida personal, familiar, y comunitario. Que debe tener como base a Dios, que permitirá el éxito de cada acción, la liberación de lo que debemos ser liberados.
Y Nuestra Señora de las Mercedes, la Virgen María, es un instrumento que nos dona Dios para que quienes queremos ser liberados podamos caminar con una luz de esperanza en nuestro sendero. Quien se diga que es cristiano, y no se guie por la luz encendida por la Madre de Dios, no sabe por dónde va. Es la oveja perdida que necesita que su pastor la localice.
Pidamos a Dios por intercesión de Nuestra Señora de las Mercedes que nos conceda ser liberados del pecado, del afán por conseguir los meritos de esta tierra. Y que seamos capaces de cómo hizo la Virgen María crecer en la fe, la caridad, y tener la esperanza de estar unidos por siempre con Jesucristo.
Para finalizar agradezco al Concejo Municipal de Lobatera por la amabilidad que han tenido al invitarme a ser parte de esta Sesión Solemne, que en un rato debe ser testimoniada con la celebración eucaristía en honor a la Nuestra Señora de las Mercedes. Agradezco también por el galardón que me conceden, “Las Llaves de la Ciudad de Lobatera”, que recibo humildemente y en nombre de muchos otros jóvenes, mujeres y hombres de Lobatera que de una u otra manera también enaltecen el gentilicio Lobaterense.
Que Dios todopoderoso nos conceda la paz de la liberación, por intermediación de Nuestra Señora de las Mercedes. Muchas Gracias, que Dios los Bendiga…

P. Johan Pacheco

Lobatera, 24 Septiembre de 2010