28 octubre 2010

Una sola familia humana


El planeta tierra es nuestra casa, y una gran familia todos los humanos, creaturas e hijos de Dios, pues Él “habiendo sacado de un solo tronco toda la raza humana, quiso que se estableciera sobre la faz de la tierra” (Hechos 17, 26). Dándonos por herencia y regalo toda lo creado.
Siendo de esta manera, todo somos “Una familia humana” (titulo del mensaje del papa Benedicto XVI, para la Jornada del Emigrante y del Refugiado 2011) guiados por un solo Dios y llamados a fraternizar para la construcción de una gran ciudad de Dios, donde las guerras y los conflictos no existirían. Y las personas no serian obligadas a desplazarse de un lugar a otro por la violencia y la persecución.
Y ante esta situación, vivida en carne propia por nuestros pueblos fronterizos, es necesaria la vivencia de la fraternidad humana, que es “la experiencia, a veces sorprendente, de una relación que une, de un vínculo profundo con el otro, diferente de mí, basado en el simple hecho de ser hombres”, como lo afirma el Papa en este mensaje.
Es la aceptación del hermano, la lucha cristiana por el respeto a la dignidad de la persona humana. Es la preocupación de cada familia, por inculcar en sus miembros, la existencia de un planeta común creado por Dios, y en el que todos de diversas naciones, religiones o diferencias étnicas debemos convivir, respetándonos y fraternizando.
Virtud cristiana, la fraternidad, que debemos acrecentar en nuestra vida siguiendo el ejemplo de Jesucristo quien nos motiva con su mandato: «que se amen los unos a los otros, como yo los he amado» (Juan 13, 34).