27 noviembre 2010

Espabilarse en Adviento


Llegó el adviento y la invitación a estar despiertos, alerta, atentos, vigilantes, a la venida de Dios. “Por tanto estén despiertos, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mateo 24, 44), su venida es inminente pero no sabemos ni el día ni la hora, ante esta condición debemos aguardar a su llegada preparándonos para conmemorar su nacimiento, y agradecer su permanente presencia con nosotros.
Eso es el adviento, motivados por su venida y animados por su nacimiento debemos ir alumbrando nuestros corazones con la virtud de la esperanza que nos ayudará a reaccionar ante la cernía de nuestro Dios, porque “ya es hora de espabilarse, nuestra salvación está más cerca” (Romanos 13, 11). Nuestra conciencia, y nuestra vida cristiana no puede seguir dopada por el materialismo, el consumismo, la descomposición moral y las preocupaciones de este mundo.
“Subamos al monte del Señor” (Isaías 2, 3), vamos a resguardarnos en el recinto de nuestro Dios para alejarnos de las superficialidades que nos podrían acosar en este fin de año. Vallamos a la casa de Dios, en este tiempo de adviento reflexionando sobre nuestra vida cristina, viviendo los sacramentos, y dando frutos de amor, “porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre” (Mateo 24, 44).
Es cuestión de tomar conciencia como nos lo pide el Obispo de San Cristóbal en su mensaje de navidad, “tomando conciencia de que somos el pueblo de Dios con la misión de proclamar el evangelio de la luz, de la vida y de la salvación; sin dejar a un lado la hermosa tarea de edificar el Reino de Dios” (Mons. Mario Moronta). Es la mejor manera de permanecer en vela, proclamando el evangelio con nuestra vida.