01 noviembre 2010

Halloween o armadura de Dios


Durante este fin de semana algunas personas son arrastradas al culto diabólico del halloween, que son persuadidas a utilizar mascaras y implantar un ambiente de terror en las fiestas y celebraciones públicas o privadas, que conducen al pecado. Cuando verdaderamente deberíamos celebrar la vida de aquellas personas que por lograr una intima amistad con Cristo son santos.
Las santos lograron su estado no por utilizar mascaras de pecado ni por rendir culto al demonio, invocando brujas ni vistiéndose como ellas o disfrazándose de muertos-faltando el respeto a los difuntos-, sino por revestirse de Cristo pregonando ante los demás las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad.
San Pablo en la Carta a los Efesios (6, 11 – 17) nos muestra cual es la armadura de Dios que debemos utilizar para revestirnos con la santidad, y estar preparados a las insidias del demonio. Es necesario entonces estar “ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calzando nuestros pies con el celo para propagar la buena noticia de la paz. Teniendo siempre en la mano el escudo de la fe, con el que se podrá apagar todas las flechas encendidas del maligno. Y tomando el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”.
Y en la lucha por conseguir la santidad, es necesaria la constante oración. Que nos asegurará la presencia de Cristo en nuestra vida, quien nos ha dicho que es la Luz, y quien le “sigue no caminará en tinieblas” (Juan 8, 12). Él es la antorcha que nos conducirá a los bienes celestiales, y nos ayudará a ser resistentes, en la vida terrena, a las ofertas de quienes nos quieren obligar a rendir culto al demonio.
Como bautizados ¿qué hacer?, celebrar halloween o preocuparme por revestirme con la armadura de Dios, para alcanzar la santidad o al menos estar más cerca de Cristo. Y no permitir que me impongan el culto al demonio, a través de esta cultura de la muerte.