24 diciembre 2010

Nace el Salvador


“Les traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo” (Lucas 2, 10): celebremos el nacimiento del Salvador. Así como el Ángel del cielo, anunció a los pastores el nacimiento de Jesús. De igual manera somos llamados a anunciar la salvación que nos viene gracias a que “la Palabra se hizo carne y habita entre nosotros” (Juan 1, 14). Esa es la buena noticia que debemos anunciar este fin de semana, en esta navidad.
Quienes celebramos la navidad, debemos también anunciar el sentido de la celebración. ¿Por qué lo celebramos? ¿Para que los celebramos?, así no se quedara en una fiesta familiar más. Sino que profundizaremos en el amor de Dios para con nosotros, que nos da una gran alegría, la presencia humanada de su Hijo para que este siempre con nosotros, el Enmanuel.
“Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa” (Tito 2, 11-12). Esa es la razón por la cual celebramos la navidad, agradecidos por la gracia que nos da Dios. Y con ello debemos manifestar nuestro deseo de permitir acampar al niño Dios en nuestro corazón para lograr desechar todo deseo mundano que pueda empañar esta celebración cristiana.
Y celebramos la navidad “para dilatar el principado con una paz sin límites, sobre toda la tierra. Para sostenerlo y consolarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo amoroso del Señor lo realizará” (Isaías 9, 6). Principado que es dirigido por el Redentor, quien gobierna nuestras vidas con amor insaciable y misericordia abundante.
La fe y el amor en nuestro Dios debe movernos a realizar el anunció de la buena nueva, el nacimiento de Jesús, para que junto con el ejercito celestial podamos cantar: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”.