15 febrero 2011

¿Tan cerrada esta mi mente?


@padrejohan

Muchas veces las preocupaciones de este mundo hacen que el cristiano pierda la orientación de su vida. Y es cuando nos deberíamos preguntar: ¿Tan cerrada esta mi mente?, ¿Para qué tengo ojos, si no quiero ver? ¿Para qué tengo oídos, sino quiero oír? En el evangelio de San Marcos (8, 14-21), Jesús nos exige que hagamos el gran esfuerzo por entender lo que es verdaderamente importante.
Jesús ya había realizado las dos manifestaciones del milagro de la multiplicación de los panes, un suceso que para quien es consecuente seguidor del Cristo le debe dar la plana confianza, para no tener preocupación por ninguna razón, teniendo en cuenta que Cristo es el pan bajado del cielo, es el Salvador.
Y en el sacramento de la Eucaristía podemos apreciar y disfrutar de las riquezas espirituales que nos ofrece Jesús, que también nos dice: “y aun continúan sin comprender?” (Mc 8, 21). Es difícil no entender cuando estamos lejos de Dios, cuando nuestra preocupación son los bienes terrenales, las fortunas superfluas, y el egoísmo personal.
“La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia”, lo afirmó así el próximamente Beato Juan Pablo II, en su carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia (N° 9). Alimentarnos del sacramento eucarístico podrá abrir nuestra mente, ojos, oídos, y corazón a la presencia y al plan salvífico de Dios.
Alimento que debemos cuidar también de “la levadura de los fariseos y de la de Herodes” (Mc 8, 15), que es precisamente la que se preocupa por los cosas de la tierra y no de las del cielo. Es necesario que el cristiano se cuide de esa levadura, que hace fermentar el seguimiento a Cristo, y cierra nuestra mente.