26 septiembre 2011

LA SANTIDAD: tener a Dios en primer lugar


“Donde está Dios, ahí hay futuro”, fue el lema de la reciente visita de Benedicto XVI a Alemania. Para hacer una invitación aceptar el llamado a la santidad que Jesucristo nos hace, “sean santos como mi Padre celestial es santo” (Mateo 5, 48). Y en el anhelo que todos debemos tener de ser santos, que tal vez suena extraño pero corresponde a todos los cristianos, debemos tener prioridades.

"Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre" (Lumen Gentium 11). Es clara la invitación, desde la situación o condición que nos corresponda vivir es necesario buscar ser santo.

Y ser santo no es aprenderse formulas de vida, para aparentar estar alcanzando un premio de pocos. Es vivir plenamente el amor de Dios, que se refleja en las acciones de cada día. No en las grandes cosa que realicemos, sino en las simplicidades que desbordan del mismo amor que nos da Dios. Y luego desde esos gestos pequeños para con nuestros hermanos, y muy cercanos a Dios, se van uniendo a los sacrificios de cada día para ir moldeando una adecuada vida cristiana que se perfile hacia la santidad.

Esta también fue la desafiante invitación del papa Benedicto XV en Alemania, en su reciente visita, buscar la santidad. “Tened la osadía de ser santos ardientes, en cuyos ojos y corazones reluzca el amor de Cristo, llevando así luz al mundo”, alumbrado el camino de Dios a quienes nos encontremos en el camino. Y para encender esa luz es necesario “colocar a Dios en primer lugar y no como una realidad más entre otras”, expresó el Sumo Pontífice en sus reflexiones sobre la santidad en su nación natal.

Tener a “Dios en primer lugar”, es el camino más acertado para quien quiera empezar a construir su vida de santidad. No es difícil, pero tampoco fácil; pero si es la manera de ser luz en el mundo: teniendo a Dios en primer lugar; Él es la prioridad.