03 diciembre 2011

Amor, fidelidad y abstinencia para el Sida


El pasado 01 de diciembre se recordó la lucha mundial en contra del Sida, la enfermedad que está acabando con la vida de unas 1.800.000 personas cada año. Para esta efemérides el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios publicó un comunicado manifestando la solidaridad con los infectados, y promoviendo el acceso universal a las terapias para el tratamiento de la enfermedad, pero insistió en la formación de las nuevas generaciones.

“Aunque no se puede por menos que comprometerse en la extensión de estos tratamientos a todos los pueblos y sectores de la población, sigue siendo fundamental, por otra parte, la formación y la educación de todos y en particular de las nuevas generaciones, a una sexualidad basada en ‘una antropología anclada en el derecho natural e iluminada por la Palabra de Dios”.

Lo fundamental además de la atención a quienes han adquirido el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), es la formación y educación de la persona. No haciéndoles creer que el preservativo es la solución, sino enseñándoles que por encima de todo está el amor.

El amor que puede inspirar en el hombre y la mujer la abstinencia y el rechazo a la promiscuidad sexual. El amor que fundamenta la fidelidad entre las parejas. Ese es el verdadero amor, con el que se debe amar siendo novios o esposos. Una gran solución, para no estar propensos a esta grave enfermedad.

En cuanto al uso del preservativo para la lucha contra el VIH, el catecismo joven de la Iglesia Católica (YouCat, publicado para la JMJ 2011) dice: “dejando al margen el hecho que los preservativos no ofrecen una protección totalmente segura frente a la infección, la Iglesia rechaza el uso del preservativo para la lucha contra el sida por ser un medio mecánico unilateral y apuesto sobre todo por una nueva cultura de las relaciones humanas y por el cambio de la conciencia social” (414).

El amor en la lucha contra el sida, saber amar, que junto a la abstinencia y la fidelidad son una solución fiable y moralmente aceptable. Y asequible a todos aquellos que verdaderamente aman. Y de fácil vivencia para quienes se dejan iluminar por el Magisterio y la Palabra de Dios.