08 abril 2013

¿Da miedo ser cristiano: vivir en paz?





Días de vocabulario y acciones agitadas, fanáticas y un tanto violentas, ya en los últimos años son propios de los comicios electorales en Venezuela. Son momentos para colocar nuestro mayor empeño como cristianos en mostrar los dones que nos ha concedido Dios, entre ellos: la Paz.

“¡Paz a ustedes! (Jn 20, 19.21.26). No es un saludo, y ni siquiera un sencillo deseo: es un don, es más, el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y a los infiernos”, nos recordó el Papa Francisco en su reflexión del regina coeli.

No es una paz como la de este mundo o la que pudiera ofrecer los candidatos a cargos políticos, es decir: pasajeros, ficticios e irreales. La paz que nos trasmite Cristo puede transformar nuestros miedos en valentías para ser testigos del Señor, la tristeza en alegría para dar testimonio del Resucitado, y nuestra fe en obras de la vida cotidiana. 

En este caso las obras de la paz, son la lucha constante por mostrar con nuestras palabras y acciones la paz de Dios que se traduce en el buen trato con el hermano, el gesto solidario con el necesitado, en el respeto a todas las personas incluso con quienes tengan ideologías políticas distintas.

“Esta paz es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es precisamente así: la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios”, nos decía también Su Santidad Francisco en la reflexión del domingo pasado. Por lo cual, primero, si Cristo ha vencido el mal, nosotros sus discípulos no podemos dejarnos orientar por la maldad. Y segundo esa experiencia misericordiosa de Dios nos invita a que la búsqueda de la paz, nos lleve al perdón.  

El ser cristianos no nos debe permitir ser adsorbidos por la polarización y el fanatismo político. Somos Iglesia, y según ha reflexionado Francisco: “La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones. ¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos!”

No nos debe dar miedo ser cristianos, vivir y trasmitir la paz que el mismo Resucitado nos ha comunicado. Somos la paz de Cristo, somos hijos de Dios.