21 mayo 2013

Creo Señor pero ayuda a mi incredulidad



“Todo es posible para el que cree” (Marcos 9,23), meditaban los fieles de las comunidades eclesiales de base de la Diócesis de San Cristóbal en el marco de la semana de predicación. Una oportunidad para confesar la fe en el marco de la nueva evangelización.

Cada persona fue su predicador, cada predicador daba testimonio de su propia vida, y cada comunidad se nutría de los mismos testimonios de sus hermanos. El tema central la fe, la forma de vivirla, mantenerla y compartirla.

Y por lo que ha reflexionado el Papa Francisco, en una de sus cotidianas misas, esta fe es fortalecida y obrada por la intensidad de la oración que anula y minimiza la incredulidad haciendo grandes milagros en nuestra vida. Pero no se refiere a los rezos casuales sino a la oración que nace del corazón.

“Oración valiente, como aquella de Abraham que luchaba junto al Señor por salvar la ciudad, como aquella de Moisés que tenía las manos en alto y se cansaba, rezando al Señor; como aquella de tantas personas, de tanta gente que tiene fe y con la fe reza, reza”, nos dice Francisco. 

Para aprender a rezar con el corazón el Santo Padre recomienda hacer un ejercicio en la oración, decir: “Creo, Señor, ayuda a mi incredulidad”. Con esto primero daremos la debida importancia a la oración y con ello logramos innumerables frutos espirituales entendiendo lo que nos dice Jesucristo: “Todo es posible para el que cree”.