04 junio 2013

¡Que nuestro hablar sea evangélico!



Una vez debemos recordar que el lenguaje del cristiano es el lenguaje del amor, el que lleva la verdad y a los hechos transparentes y honestos de nuestra vida. Evidente es el testimonio del mismo Cristo quien en su lenguaje misericordioso siempre dijo la verdad a pesar de las adversidades, y la sin hipocresía aduladora de los corruptos.

Lo dijo el papa Francisco en una de sus cotidianas y ricas homilías, “La hipocresía es precisamente el lenguaje de la corrupción”. No solo del político, del dirigente o empresario, sino de quien se deja arrastrar por el pecado. Y ante esta tentación, el Sumo Pontífice nos recuerda el comino de la verdad y que el mismo Cristo planteó en el evangelio, “cuando Jesús habla a sus discípulos, dice: ‘¡Cuando digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no!’ La hipocresía no es un lenguaje de verdad, porque la verdad jamás va sola. ¡Jamás! ¡Va siempre con el amor! No hay verdad sin amor. El amor es la primera verdad. Si no hay amor, no hay verdad”.

Y luego la importancia de saber expresar esa verdad, ese amor. Los corruptos y los hipócritas “quieren una verdad esclava de los propios intereses”. Debemos reflexionar desde nuestras propias experiencias, tomando en consideración estas mismas interrogantes que ha hecho el Papa: ¿cuál es nuestra lengua hoy? ¿Hablamos con verdad, con amor, o hablamos un poco con aquel lenguaje social de seres educados, también diciendo cosas bellas, pero que no sentimos?

El lenguaje del mundo de hoy es terrible, dañino, malicioso, pero el lenguaje del cristiano de todos los tiempos ha de ser el del evangelio, un hablar de amor y de verdad. “¡Que nuestro hablar sea evangélico, hermanos!.. Pidamos hoy al Señor que nuestro hablar sea el hablar de los simples, hablar de niño, hablar de hijos de Dios, hablar en verdad del amor”.