26 mayo 2014

Gestos y palabras del Papa Francisco en Tierra Santa






Pbro. Johan Pacheco

De gran valor para toda la humanidad fue el viaje del Papa Francisco a Tierra Santa que peregrinó con el afán de buscar la paz y reconciliación en el mundo, sobre todo en el Oriente Medio; y dar pasos en favor del ecumenismo religioso. Pero sobre todo seguir enseñando con gestos, cómo los hombres y mujeres debemos encontrarnos con respeto y caridad a pesar de las diferencias políticas, religiosas, culturales, económicas.

“La paz no se puede comprar, no se vende. La paz es un don que hemos de buscar con paciencia y construir “artesanalmente” mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre en el cielo y que somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza”, expresó el Papa Francisco en el estadio de Amán.

Y el llamado a la paz lo repitió en diversos momentos, y de manera directa se lo pidió a las autoridades palestinas e israelíes, durante la misa en Belén: “Señor Presidente Mahmoud Abbas, en este lugar donde nació el Príncipe de la paz, deseo invitarle a usted y al Señor Presidente Shimon Peres, a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger este encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano”. Invitación que aceptaron, probablemente el encuentro sea el próximo 06 de Junio.
Otro acto que marcó la historia de esta peregrinación fue el encuentro con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, para firmar una declaración conjunta que es “un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que sólo el Espíritu Santo puede conducirnos”.

Manifiestan Francisco y Bartolomé en el texto su preocupaciones comunes, como “el deber de dar testimonio común del amor de Dios a su pueblo colaborando en nuestro servicio a la humanidad, especialmente en la defensa de la dignidad de la persona humana, en cada estadio de su vida, y de la santidad de la familia basada en el matrimonio, en la promoción de la paz y el bien común y en la respuesta ante el sufrimiento que sigue afligiendo a nuestro mundo. Reconocemos que el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la injusta distribución de los recursos son un desafío constante. Es nuestro deber intentar construir juntos una sociedad justa y humana en la que nadie se sienta excluido o marginado”.

Y con su premisa de ir al encuentro de todos, también el Santo Padre quiso saludar a los fieles musulmanes en una visita al Gran Muftí de Jerusalén, les pidió respeto: “Queridos hermanos, queridos amigos, desde este lugar santo lanzo un vehemente llamamiento a todas las personas y comunidades que se reconocen en Abrahán: Respetémonos y amémonos los unos a los otros como hermanos y hermanas. Aprendamos a comprender el dolor del otro. Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia. Trabajemos juntos por la justicia y por la paz”.

Y en un contundente rechazo al terrorismo el Papa durante su visita al Memorial de Yad Vashem, que es un monumento del pueblo judío al Holocausto, expresó: “Quisiera con mucha humildad, decir que el terrorismo, es malo. Es malo en su origen y es malo en sus resultados. Es malo porque nace del odio. Es malo en sus resultados porque no construye, destruye. Que nuestros pueblos comprendan que el camino del terrorismo no ayuda. El camino del terrorismo es fundamentalmente criminal. Rezo por todas esas víctimas, y por todas las víctimas del terrorismo en el mundo, por favor nunca más terrorismo, es una calle sin salida”.
A los Judíos, en la visita de cortesía a los Dos Grandes Rabinos de Israel, les exhortó a construir estrechos lazos de fraternidad y reconocimiento mutuo: “por parte católica, ciertamente tenemos la intención de valorar plenamente el sentido de las raíces judías de nuestra fe. Confío, con su ayuda, que también por parte judía se mantenga y, si es posible, aumente el interés por el conocimiento del cristianismo”.

Gestos y palabras del Papa Francisco en Tierra Santa que nos llevan a entender reflexionar sobre nuestra disposición como cristianos para buscar la paz y la reconciliación en nuestro entorno, conscientes de que la Iglesia nació en “salida”, como lo indicó el Sumo Pontífice durante la eucaristía en el Cenáculo: “Aquí nació la Iglesia, y nació en salida. Desde aquí salió, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos, y el Espíritu de amor en el corazón”, y explicó que “salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedió aquí; el Espíritu Paráclito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido”.

En su pontificado los gestos siguen siendo más fuertes que sus palabras, la caricia a los enfermos y discapacitados, su abrazo a los pobres y refugiados; su sentida oración ante Rio Jordán, el Muro de la División, y el Muro de los Lamentos, allí mismo el abrazo con los líderes de otras religiones; sembrar un árbol, colocar una corona de flores en el monumento al holocausto; significativo incluso en saludo reverente a todas las autoridades que lo recibían.



Sobre los gestos dijo el Papa en el avión de regreso a Roma: “Los gestos más auténticos son los que no se piensan… los míos no eran gestos pensados; a mí me sale hacer algo, así, espontáneamente”.