11 julio 2014

Palestina e Israel: ¿Dónde cayó la semilla?


“Una vez salió un sembrador a sembrar”

Pbro. Johan Pacheco
@padrejohan

“Más de una vez hemos estado cerca de la paz, pero el maligno, por diversos medios, ha conseguido impedirla”, expresó el Papa Francisco hace un mes aproximadamente durante la invocación por la paz por Medio Oriente junto a los presidente de Israel y Palestina, quienes hoy siguen en severos enfrentados. Sabía que no será fácil y por ello el Santo Padre insistió en la oración y la paciencia para tejer el entramado de la convivencia respetuosa y pacífica.

Ese momento histórico, de la invocación por la paz, es el reflejo del pasaje bíblico que nos muestra como “una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga” (Mateo 13, 3-9). Y nos preguntamos: ¿Dónde cayó la semilla?, entre israelíes y palestinos.

Francisco ha sido un sembrador de la “cultura del encuentro”, que sabe que las semillas de la paz que ha esparcido han caído en el camino de hombres y mujeres que sufren la devastación de la guerras y los conflictos; ha caído en el razonamiento de piedra, de quienes se niegan a romper el espiral del odio; ha caído la semilla también en los espinosos sentimientos de quienes ahogan la fraternidad no reconociéndose como hijos de un mismo Dios.

Pero sabemos que la semilla del evangelio también ha caído en tierra buena, el corazón humano, que abonado por el amor Dios puede hacer germinar frutos de paz y reconciliación. Como cualquier siembra, requiere de tiempo y el cuidado paciente, junto al dialogo y el perdón, para obtener una abundante cosecha en un mundo donde hombres y mujeres puedan vivir como hermanos y no como adversarios o enemigos.

El pasado 08 de junio, dijo el Papa Francisco a los líderes de Palestina e Israel, Mahmud Abas y Shimon Peres: “Señores Presidentes, el mundo es un legado que hemos recibido de nuestros antepasados, pero también un préstamo de nuestros hijos: hijos que están cansados y agotados por los conflictos y con ganas de llegar a los albores de la paz; hijos que nos piden derribar los muros de la enemistad y tomar el camino del diálogo y de la paz, para que triunfen el amor y la amistad”.

Hay que tener valor para no dejarse seducir por la violencia, debemos preparar un corazón que sirva para la siembra de las semillas del evangelio de lo contario el odio no dejara nacer el amor de Dios. Nos unimos en oración por la paz en Tierra Santa, en Medio Oriente, y en todo el mundo para que guiados por el Espíritu Santo demos el ciento por uno por la paz.