29 marzo 2015

En Semana Santa: ¿Humildad o mundanidad?



@padrejohan

Comienza la Semana  Santa, su comienzo es marcado por la entrada de Jesús a Jerusalén. ¿Qué significa esto para nuestra vida? Debemos observar como lo recibieron con ramos de palmas y cantos de victoria, signo de su venida mesiánica, pero percibido en ese momento por muchos sólo como un acto humano de quien espera a un líder que le señale un camino sin expectativas futuras.

Debemos leer desde nuestra realidad como vivimos esta entrada de Jesús a Jerusalén hoy en nuestra vida. Son los días de su pasión y muerte redentora: ¿Es un líder que muestra el cruce del camino, o es mi Salvador: camino, verdad y vida? Así nuestras palmas y cánticos deben ser expresión del reconocimiento del Mesías enviado por Dios para hacer de mí, de cada uno, un hombre nuevo. Pero algo depende de nosotros, qué camino tomar: la humildad o la mundanidad.

El Papa Francisco en su homilía del Domingo de Ramos ha reflexionado sobre la vía que Cristo sigue para salvarnos y acercarse a la humanidad, la vía de la humildad. “Esta es la vía de Dios, -dijo Santo Padre- el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación”. Y su humildad, su humillación, incluso fue sufrir el desprecio y la traición, nuestro pecado. Pero a pesar de ello se acercó a nosotros para darnos testimonio de servicio.

Otro camino que describe el Papa Francisco, es la vía de la mundanidad: “hay otra vía –dice-, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito... Es la otra vía. El maligno se la propuso también a Jesús durante cuarenta días en el desierto”.

Leemos en la carta de San Pablo a los Filipenses (2,6-11): “Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres”. En este consiste la humildad del cristiano: el servicio, la entrega generosa a sus hermanos.

El inicio de la Semana Santa significa entonces, elegir el camino a seguir no sólo por los próximos siete días, es para el resto de nuestra vida: ¿Humildad o mundanidad? Para dar respuesta es necesario escuchar a Jesucristo en su Palabra, en pasión dolorosa, allí nos mostrará su máxima expresión de amor.