05 abril 2015

Correr para ser irradiados por la luz del Resucitado



“Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios”, escribe San Pablo para indicarnos el camino a recorrer luego de la resurrección del Señor. Pues hemos pasado de la muerte  la vida, de la oscuridad a luz con la resurrección de Jesucristo. O ¿seguimos negando a nuestro corazón la luz del resucitado?

Varios son los acontecimientos que estos días muestran una humanidad golpeada por la indiferencia, la violencia, y la oscuridad del corazón: el repudiado asesinato de los estudiantes en Kenia, la pobreza de los países latinoamericanos, o el relativismo ético en Europa, y muchísimas otras situaciones particulares de cada persona, de cada familia en el mundo. ¿Cuánto tendremos de correr para alejarnos de esta situación y tener el deseo de encontrarnos con el Cristo resucitado?

El evangelio del domingo de resurrección, recuerda como los discípulos corrían al sepulcro para ver y comprobar que realmente estaba vacío, Jesús no estaba, solo vieron las vendas en el suelo. Allí fortalecieron su fe, y recordaron que Jesucristo resucitó de entre los muertos para iluminar la humanidad. Se convirtieron en testigos de la resurrección, buscando los bienes del cielo.

Negarnos a la luz celestial del resucitado, es olvidarnos de buscar los bienes del cielo acá en la tierra. Por ello en medio de nuestra sociedad, de la familia, con su luz debemos hacer el bien y rachar el mal que daña a la humanidad y ofende a Dios, reconociendo en el prójimo a Cristo que también merece resucitar a la vida nueva. Así seremos testigos de la resurrección del Señor, permitiendo que su gracia guíe nuestro corazón hacia el bien y la paz.

Correr es la clave que nos enseñan los discípulos, porque primero corrieron a detrás de Jesús predicando el evangelio, luego corren al sepulcro para comprobar que había resucitado y luego correrán a Galilea para recibir el mandato misionero y seguir corriendo hasta los confines del mundo predicando el evangelio. En otras ocasiones también debemos correr de las tentaciones de maligno para no cerrar el corazón a la luz del resucitado. Para ningún discípulo termina la carrera, el camino continúa hasta la eternidad.

Comienza la pascua, un camino por recorrer con el corazón iluminado por el Jesucristo para ser testigos de su resurrección buscando los bienes del cielo. Es una oportunidad para correr hasta la meta: la santidad, como atestigua san Pablo. Feliz pascua de Resurrección, corramos el camino de la luz con la fuerza del resucitado.