11 abril 2015

La tentación de limitar la Divina Misericordia



Es una fiesta de alegría, de encuentro con el Señor. Es la fiesta de la Divina Misericordia. Es el apostolado de la Iglesia, mostrar el amor misericordioso de Jesucristo. Lo viviremos durante el Jubilo Extraordinario de la Misericordia que ha convocado el Papa Francisco, porque también es una de las claves de su pontificado. Y tiene un gran significado para nosotros los pecadores, que caemos en la tentación de limitar la misericordia de Dios.

“La misericordia en sí misma, en cuanto perfección de Dios infinito es también infinita. Infinita pues e inagotable es la prontitud del Padre en acoger a los hijos pródigos que vuelven a casa”, explica San Juan Pablo II en su carta encíclica Dives in Misericordia (n°13) para enfatizar la experiencia infinita de la bondad de Dios que abre sus brazos al pecador que se arrepiente y no permanece estancado en las limitaciones humanos.     

Juan Pablo II en este mismo apartado de la Encíclica, enumera las limitaciones que el hombre antepone a la Divina Misericordia, negándose al abrazo del Padre que recibe a su hijo prodigo. Esos límites son “la falta de buena voluntad, la falta de prontitud a la conversión y en la penitencia, es decir, su perdurar en la obstinación, oponiéndose a la gracia y a la verdad especialmente frente al testimonio de la cruz y de la resurrección de Cristo”.

Es debilidad humana, hacernos pensar que nuestros pecados son más grandes que la misericordia de Dios. Luego dejarnos mover por la marea de la indiferencia para no estar atentos a la conversión y al llamado de Dios. Combatir esta limitación, es luchar contra la tentación de oponernos a la gracia que nos da la plenitud de esta misericordia.

“En este ámbito tiene un gran significado la meditación constante de la palabra de Dios, y sobre todo la participación consciente y madura en la Eucaristía y en el sacramento de la penitencia o reconciliación”, escribió también Juan Pablo II en este mismo numeral de la Dives in Misericordia; señalando además la misión de la Iglesia de profesar y proclamar con una vida autentica la Misericordia de Dios.  
    
El Jubileo Extraordinario de la Misericordia que viviremos en todo el mundo es una oportunidad para vivir esta fiesta del amor de Dios que nos muestra el rostro misericordioso de Jesucristo, y manifestemos nuestra confianza en Él. Pues la misericordia de Dios es infinita en comparación con nuestras humanas limitaciones.