08 junio 2015

Alimentación y la “paradoja de la abundancia”



Hay comida para todos pero no todos pueden comer, esta es la “paradoja de la abundancia”, que refirió Juan Pablo II en su discurso a la FAO en 1992, y que el Papa Francisco ha retomado en su pontificado como una bandera en defensa de las personas que siguen sufriendo de hambre en el mundo, y que en tantas ocasiones son solo mencionadas como cifras sin acciones eficaces.

La Iglesia desde la vivencia del evangelio, siempre cercana a los pobres con sus programas sociales ha sabido contribuir de cierta manera a estas necesidades. Pero de manera particular por el valor de la persona humana cuya dignidad es el foco de atención de la caridad y la verdadera solidaridad. Sin embargo como cristianos siempre debemos evaluar cómo realizamos este compartir con el necesitado, y de qué manera promovemos acciones para que los Estados asuman sus responsabilidades de producción, justa distribución, y contribución.

“Debéis escuchar aquí los gritos de dolor de millones de personas ante el escándalo provocado por la ‘paradoja de la abundancia’, que constituye el obstáculo principal para la solución de los problemas de la humanidad que afectan a la nutrición. La producción mundial de alimentos, como sabéis bien, es muy abundante y bastaría para satisfacer con holgura las necesidades de la población, aunque esté aumentando en número, a condición de que los recursos que pueden permitir el acceso a una nutrición conveniente sean repartidos en función de las necesidades reales”, expresó san Juan Pablo II discurso en la I Conferencia Internacional sobre la Nutrición.

También el Papa Francisco en su visita la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (20 noviembre de 2014), manifestó la importancia de la justicia y el derecho fundamental: “las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva. Por tanto, los planes de desarrollo y la labor de las organizaciones internacionales deberían tener en cuenta el deseo, tan frecuente entre la gente común, de ver que se respetan en todas las circunstancias los derechos fundamentales de la persona humana y, en nuestro caso, la persona con hambre”, dijo.

La enseñanza de nuestros pontífices nos llevan a reflexionar sobre la grave situación que vive aún tantas personas, no lejos, sino cercanas a nosotros. Y la actitud que cómo cristianos adoptamos ante tal situación, para no solo esperar la estrategia gubernamental sino nuestro compromiso solidario y laborioso; pues como decía Francisco en su mensaje a la Expo de Milán la “paradoja de la abundancia, obedece a la cultura del desperdicio, del descarte, y no contribuye a un modelo de desarrollo justo y sostenible”.