30 agosto 2015

Nota Eclesial: la frontera lugar de encuentro y caridad


                                                                                                                                             @padrejohan

El mensaje del evangelio de la misericordia: “Dios es amor” (1 Juan 4, 8) se extiende por el mundo sin establecer ningún tipo de frontera. Estos espacios entre las naciones sólo deberían indicar el lugar de encuentro y caridad entre hermanos que peregrinan juntos como hijos de Dios.
    

En la actualidad son muchas las fronteras que son epicentro dramático de las realidades de los emigrantes, refugiados, desplazados y en algunos casos también deportados. Ante estas realidades nos preguntamos: ¿Cuál debe ser nuestra repuesta como cristianos?
Precisamente si respondemos como cristianos entendemos que el mensaje de “Dios es amor”, es universal y no tiene límites. El Papa Francisco nos propone el ejemplo de la Iglesia, en su Menaje a la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2015: «Una Iglesia sin fronteras, madre de todos».

De esta manera anunciar el evangelio de la misericordia convierte estos lugares en espacio de caridad con las personas más débiles, los que han tenido que dejarlo todo para no morir, para no padecer hambre, para encontrar la paz. Jesucristo frece una respuesta muy clara en el trato a los inmigrantes o deportados: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve desnudo y me disteis vestido, enfermo y me cuidaste, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).

Este es un compromiso del cristiano, y debe ser una responsabilidad de cada Estado, hacer que el trato a la persona en la frontera este basado en el respeto a los derechos humanos, valorando su dignidad: todos hijos de Dios. No anteponer proyectos personales que hagan regir el egoísmo, e intereses gubernamentales que generen el descarte de los más pobres.

El Papa Francisco lo enseña en su mensaje al emigrante (2015): “La Iglesia sin fronteras, madre de todos, extiende por el mundo la cultura de la acogida y de la solidaridad, según la cual nadie puede ser considerado inútil, fuera de lugar o descartable. Si vive realmente su maternidad, la comunidad cristiana alimenta, orienta e indica el camino, acompaña con paciencia, se hace cercana con la oración y con las obras de misericordia”.


La misión de proclamar la buena nueva: Dios es Amor, hace de las fronteras espacios para la solidaridad y en tantos casos también para la reconciliación, esto no permitirá que la cultura del relativismo levante barreras para responder con el evangelio de la misericordia.