04 octubre 2015

“Lo más bello para la familia está por venir”




@padrejohan

“Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un ver  dadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar”, expresaba el Papa Francisco durante la misa por las familias en Ecuador, el pasado mes de julio.


Estas palabras del Santo Padre permiten entender la importancia de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que se efectuará en el Vaticano, del 04 al 25 de octubre. Pues los pastores en este discernimiento afrontan los desafíos de la familia con su vocación y misión para indicarles cuales son las tinajas del vino bueno.

Por lo cual, también todos en la Iglesia nos preparamos a vivir unos días de intensa oración, acompañando así el desarrollo de los trabajos sinodales, haciendo una súplica como aquella de la Virgen María en las bodas de Caná para interceder por los novios ante su hijo Jesús.

Meditando sobre este pasaje bíblico (Jn 2, 1-12), Francisco en aquella ocasión en el Guayaquil, decía: “Y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos”.

La actitud de María, la respuesta de Jesús, la fiesta que vivieron aquellos esposos es un signo de esperanza para las familias de hoy. Son muchos los desafíos, bastante los argumentos que optan por el declive de la Iglesia doméstica, pero aún son incontables las razones para hacer el camino de las bodas de Caná y experimentar en la familia el don misericordioso de Jesucristo.

“Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y -afirma Francisco- lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día”.

El Sínodo de la Familia lo vivimos todos, es un signo de esperanza que no se limita a un asunto en particular sino que bajo la mirada de Cristo que convierte el agua en vino, la Iglesia llena las tinajas con todos los desafíos de la familia en sus diversos contextos para servir el mejor vino: el Evangelio de la Familia.