09 octubre 2015

V día | #Synod15: la sinodalidad por la familia contemporánea




@padrejohan

Ha trascurrido la primera semana de la XIV Asamblea General Ordinaria de los Obispos dedicada a la familia. Los pastores en un ambiente de comunión, llevan la voz de los fieles de las Iglesias particulares, y guiados por el Espíritu Santo que consuela, miran con particular atención las dificultades de las personas amenazadas por las colonizaciones modernas que afectan el hogar.

Esta es la responsabilidad de la sinodalidad, de los participantes del Sínodo de la Familia en una estrecha cercanía con las familias del mundo. Expresaba el Papa Francisco al inicio de la asamblea del año pasado (06 de octubre 2014), y que constituye uno de los documentos principales de este Sínodo: “Vosotros lleváis la voz de las Iglesias particulares, reunidas a nivel de Iglesias locales mediante las Conferencias episcopales”.

Entonces “sinodalidad” es la expresión de la comunión entre nuestros pastores, y su caminar junto a los hombres y mujeres de hoy llevándoles el mensaje la Iglesia. “Esta voz la lleváis en sinodalidad -dice Francisco-. Es una gran responsabilidad: llevar las realidades y las problemáticas de las Iglesias, para ayudarlas a caminar en esa senda que es el Evangelio de la familia”.

Cuando comenzaba aquella primera fase de este Sínodo de la Familia, el Papa les invitaba hablar con parresía: “porque es necesario decir todo lo que en el Señor se siente el deber de decir”. Y también les recordaba tener en cuenta las dos actitudes con la cual se ejerce la sinodalidad: “escuchar con humildad y acoger con corazón abierto lo que dicen los hermanos”.

En este contexto se desarrollan las sesiones sinodales, con la presentación de testimonios de matrimonios, la experiencia de los pastores que han escuchado sus fieles y representan su voz, los debates que buscan cargar en sus hombros las familias en dificultades para acompañarles desde la doctrina y la misericordia de Dios.

La sinodalidad por la familia contemporánea, desde la comunión de nuestros pastores y su parresia iluminada por el Espíritu Santo, no cierra sus ojos a los problemas de la familia en sus diversas realidades y culturas, para discernir sobre su vocación y misión.