24 noviembre 2015

¿Derrotados por el miedo? o ¡constructores de paz!




@padrejohan

En una profunda reflexión el Papa Francisco ha dicho que “Jesús hoy llora” por la guerra a pedazos que vive el mundo causada por la violencia y el rechazo de muchos al camino de la paz. ¿Qué respuesta debemos dar al terrorismo, dejarnos derrotar por el miedo, seguir respondiendo con similar violencia o trabajar por la paz?


Los atentados acaecidos en Francia, son injustificables y repudiables; pero de igual manera son inaceptables los miles de muertos en Siria, y otras naciones del Oriente Medio y África, estos lamentablemente con poca repercusión mediática. Por lo cual debemos considerar que el terror no es diseminado de un solo lado, sino desde diversos ángulos con ocultos intereses.

En un mundo que es manipulado por los poderosos, orientando al odio y la guerra para alimentar el terrorismo, y lucrarse; nuestra respuesta es ser constructores de la paz. Un compromiso que se vive poniendo en práctica las obras de misericordia, y la confiada esperanza en Jesucristo que vence la muerte y el pecado.

“Hay una palabra fea del Señor: ¡Malditos! Porque Él ha dicho: ¡Bienaventurados los constructores de paz!”. Estos que trabajan por la guerra, que hacen las guerras, son malditos, son delincuentes. Una guerra se puede justificar -entre comillas- con tantas, tantas razones. Pero cuando todo el mundo, como sucede hoy, está en guerra, ¡todo el mundo!: es una guerra mundial a pedazos: aquí, allá, allá, por doquier… no hay justificación. Y Dios llora. Jesús llora”, sentenció el Papa Francisco en su homilía (19 de Noviembre de 2015).  

“Bienaventurados los constructores de la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). En varias ocasiones el Santo Padre ha descrito esta tarea como la de “artesanos” que va tejiendo con sus manos el don de la paz, hasta construir una sociedad que elija el camino de la vida y la prosperidad en común, es necesario dar esta respuesta personal.

El principal objetivo del terrorismo es sembrar el miedo en la sociedad, por ello la respuesta no puede ser desasosiego ni muchos menos violenta para engendrar más guerra. Por el contrario la de constructores de paz que con acciones concretas dan testimonio de la alegría y de la paz del Evangelio.