26 diciembre 2015

Sagrada Familia, custodia de la misericordia


Pesebre de la Iglesia Santo Stefano, en Settefrati (Provincia di Frosinone) - Italia.



La Navidad es una fiesta de caridad que permite acoger la bondadosa compasión de Dios con la humanidad, don que recibimos a través de una familia: la Sagrada Familia. El Salvador hace brillar su luz desde un hogar, para hacer de la familia templo y custodia de la misericordia.


La Sagrada Familia es custodia de la misericordia, cuidando a quien trae la salvación y la paz. Muchos fueron al pesebre a presentar sus ofrendas, a conocer el mesías, a reconocerle como el Redentor. Esta imagen de Jesús, María y José, la contemplamos para nutrirnos de su compromiso como padre y madre, protagonistas irremplazables en el seno de cualquier hogar.

En el evangelio encontramos rasgos de la delicada e importante tarea de estos padres, María y José, que luego de llevar a su Jesús al templo sintieron la “angustia” al perderlo entre la multitud. Pero Él luego de explicarles que estaba en las cosas de su Padre, “bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lucas 2, 41-52).

Es un profundo significado para los padres de familia, que también vive la inquietud de dar lo mejor de sí a sus hijos. Y que hermoso aprendizaje para los hijos, que sus gestos de amor y respeto a los padres puedan edificar en sus corazones este templo de la misericordia. Es la misericordia vivida en casa, es abrir la puerta de la familia para experimentar un verdadero encuentro con los demás.

Decía el Papa Francisco en una catequesis (18-XI-2015): “La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene refugio, para quien huye del peligro. Que las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es precisamente así como deberá ser reconocida la Iglesia, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que llama, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta en la cara”.

La familia como templo de la misericordia, es invitada a vivir a imagen de la Sagrada Familia la contemplación del Salvador para custodiar también su misericordia, que ha de ser enseñada y vivida en cada hogar con la misma angustia, deseo y apostolado que los hicieron la Virgen María y San José.