09 enero 2016

Bautizados para escuchar y amar como hijos de Dios




@padrejohan

El sacramento del bautismo nos hace hijos de Dios, para amar y esperar en Él viviendo las virtudes teologales bajo la moción del Espíritu Santo. Con la fiesta del bautismo del Señor somos llamados a renovar este compromiso de vida cristiana, escuchando y amando.


En el evangelio encontramos un episodio particular, como la voz del cielo anuncia la misión del Mesías: “Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo muy amado, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Lucas 3, 22). Del cual podemos apreciar la importancia de escuchar la Palabra de Dios que nos dice cuanto nos ama, amor que como en Jesús lleva a una entrega misericordiosa.

Escuchar la voz de Dios exige prestar atención, para entender su mensaje que principalmente es vivir según nuestra condición de ‘hijos amados’ purificados por el bautismo y regenerados a una vida nueva. Así mismo, ser hijos de Dios por el bautismo debe hacernos identificar por las obras de misericordia que dan fe que nuestros oídos están realmente abiertos a su Palabra.

Amar entonces se convierte en una misión para el cristiano, el Catecismo de la Iglesia Católica (1270) por eso señala que “los bautizados ‘por su nuevo nacimiento como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia’ (LG 11)”. Por tanto el amor misericordioso entre los bautizados es testimonio de la gracia que se recibe en el sacramento.

Renovar nuestros compromisos bautismales durante el Jubileo de la Misericordia permite recordar que somos de hijos amados de Dios, para vivir y profundizar nuestra tarea de escuchar su Palabra para nutrirnos de ella y luego ponerla en práctica amando al prójimo con la misma misericordia del Señor.