06 enero 2016

De la indiferencia a la Misericordia para edificar la paz





“En el espíritu del Jubileo de la Misericordia, cada uno está llamado a reconocer cómo se manifiesta la indiferencia en la propia vida, y a adoptar un compromiso concreto para contribuir a mejorar la realidad donde vive, a partir de la propia familia, de su vecindario o el ambiente de trabajo”, expresa el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz (2016).


La indiferencia es como un virus que circunda el mundo actual, el egoísmo y las omisiones son síntomas de la realidad globalizada de esta forma de actuar. Ante la cual el cristiano no puede dejarse vencer, siendo su principal inspiración la caridad que Cristo mismo en el evangelio pide vivir: “ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 13, 34).

El Mandamiento del Amor precisamente ayuda al cristiano afrontar las tres grandes indiferencias del hombre que son enunciadas por el Santo Padre en su mensaje: “La primera forma de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y ante lo creado”. El verdadero amor a Dios, conduce a la solidaridad con el hermano y el cuidado del medio ambiente.

Es el paso de la indiferencia a la misericordia para edificar la paz, camino que se asume cuando empezamos amar cómo el mismo Jesucristo; reconociendo su amor por la humidad. Hoy también debemos vivir este amor, creando una “cultura de la solidaridad” que no haga selecciones para hacer el bien a cualquier persona, y que se esfuerce por fortalecer el bien común.

“Nosotros estamos llamados a que el amor, la compasión, la misericordia y la solidaridad sean nuestro verdadero programa de vida, un estilo de comportamiento en nuestras relaciones de los unos con los otros. Esto pide la conversión del corazón: que la gracia de Dios transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne (cf. Ez 36,26), capaz de abrirse a los otros con auténtica solidaridad”, manifiesta el Papa en este mensaje de la Jornada Mundial de la Paz.

“La globalización de la indiferencia” debe ser contrarrestada con el ejercicio de la solidaridad humana, también valor cristiano que identifica al bautizado. Abrir el corazón a Dios ayuda de igual manera a abrir los ojos antes las necesidades del prójimo para reaccionar con misericordia como el buen samaritano (Lucas 10, 29-37).