07 febrero 2016

Lanzar las redes: oración y caridad




@padrejohan

«Rema mar adentro, y lancen las redes para pescar» (Lucas 5, 4), un llamado de Jesús que ha alcanzado el corazones de números discípulos, que escuchando el llamado del evangelio no se encapsularon en sí mismo, por el contario salieron a ofrecer al prójimo la misericordia de Dios, desde la oración y la caridad.


Entre los discípulos que lanzaron las redes, podemos encontrar a  SanPío de Pietrelcina y San Leopoldo Mandic que como símbolos de la misericordia, estos días sus restos mortales son venerados en la Basílica de San Pedro (Vaticano). Dos discípulos que desgastaron su vida en la escucha del prójimo para privilegiar con la misericordia a los pecadores, arrepentidos, desde el sacramento de la Confesión.

“Un signo importante del Jubileo es también la Confesión. Acercarse al sacramento con el cual somos reconciliados con Dios equivale a tener experiencia directa de su misericordia. Es encontrar el Padre que perdona. Dios perdona todo. Dios nos comprende también en nuestras limitaciones nos comprende también en nuestras contradicciones”, decía el Papa en una de sus Catequesis (16-XII-2015).

Y estos dos santos conducían a las personas a vivir esta experiencia, que luego obtiene frutos para su vida cristiana, reflejados en la oración y en la caridad. Por eso una invitación del Padre Pío era: “es la oración, esta fuerza unidad de todas las almas buenas, la que mueve el mundo, la que renueva las conciencias, la que sostiene la casa, la que consuela a los que sufren, la que cura a los enfermos, la que santifica el trabajo, la que eleva la asistencia sanitaria, la que da fuerza moral y cristiana resignación al sufrimiento humano, la que expande la sonrisa y la bendición de Dios sobre la flaqueza y debilidad”.

Una realidad de la oración que como San Pío, debemos vivir en la caridad, es decir, en las obras de misericordia -corporales y espirituales-, tendiendo la mano al que sufre y siendo reflejo de la misericordia del mismo Dios. Atendiendo el llamado de su Evangelio: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres» (Lucas 5, 10).