21 febrero 2016

Mirar a la Guadalupe y mirar con misericordia





                            @padrejohan                          

Bajo la mirada de la Virgen de Guadalupe, y en peregrinación con el Papa Francisco el pueblo mexicano ha confirmado su fe en la reciente visita apostólica del Santo Padre, peregrinando como misionero de la misericordia, hizo ver al mundo la tierna mirada de la Madre de Dios.


“Miramos a la madre con ojos que dicen: son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación”, decía el Papa en la Basílica de Guadalupe. Pero también afirmaba que mirar a la Guadalupe, ayuda a confiar en su maternal compañía: “estar mirándola, escuchar una vez más que nos vuelve a decir: «¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿qué entristece tu corazón?» (cf. Nican Mopohua, 107.118). «¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?» (ibíd., 119)”.

Es un grato mensaje del Papa Francisco en su 12 viaje apostólico, una exhortación a no olvidar que la mirada de la Virgen María siempre custodia nuestros pasos, que es una Madre fiel que no abandona en la adversidades y sabe consolar en el sufrimiento. La misma historia de México, es testigo de esta mirada materna que enseña a mirar con misericordia.

“Sé que mirando los ojos de la Virgen alcanzo la mirada de vuestra gente que, en Ella, ha aprendido a manifestarse –expresó también el Papa durante el encuentro con los Obispos-. Sé que ninguna otra voz puede hablar así tan profundamente del corazón mexicano como me puede hablar la Virgen; Ella custodia sus más altos deseos sus más recónditas esperanzas; Ella recoge sus alegrías y sus lágrimas; Ella comprende sus numerosos idiomas y les responde con ternura de Madre porque son sus propios hijos”.

Bajo esta mirada el Papa Francisco también reflexionó sobre los graves temas sociales que desgastan a las familias. Pero en todas esta circunstancias el Santo Padre ha insistido en la mirada materna de Guadalupe, que enseña a ser misericordiosos. Dejarse mirar por la Virgen María, y aprender a mirar como Ella se convierte en una tarea cristiana.