13 marzo 2016

El anuncio de la misericordia



La misericordia de Dios rompe los esquemas del pensamiento y el sentimiento humano, no apedrea para reprender al pecador sino que acaricia para hacer experimentar el perdón de Dios, y exhortar a seguir adelante sin tropezar con el pecado.

En el evangelio de este domingo los letrados y fariseas condenando al pecador dicen que “la ley de Moisés nos manda apedrear” (Jn 8, 5), a lo que Jesucristo responde con un anuncio de misericordia: “el que esté sin pecado, que tire la primera piedra” (Jn 8, 7). Quitando la condena, sin lapidar, solo acariciando con su infinita misericordia.

Esta es la misión de la Iglesia, y de cada cristiano, el anuncio de la misericordia. Para ello es necesario palpitar con la vida del Evangelio. “Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre” (Misericordiae Vultus 12).

El anuncio de la misericordia es una tarea de todo bautizado con los mismos gestos de Cristo, rachando la lapidación del egoísmo, la violencia y la indiferencia que hace daño a nuestra sociedad. “Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros” (Misericordiae Vultus 9).

“Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete, no peques más en adelante” (Jun 8, 11). La caricia de Dios es clara en su exhortación, es un llamado a la conversión. Experimentar su misericordia y anunciarla al prójimo es una manera de unirnos a la celebración del Jubileo de la Misericordia.