07 agosto 2016

Unidos al corazón de Cristo





“Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lc 12, 34), advierte Jesús a sus discípulos para que aprendamos a valorar lo que realmente nos une a su amor misericordioso y a la fraternidad con el prójimo que es tesoro también de la presencia de Dios.


En la reciente Jornada Mundial de la Juventud que hemos vivido en Cracovia, el Papa Francisco ha señalado a los jóvenes cual es el tesoro al que debemos dar todo el corazón. Es Jesús Divina Misericordia que enseña amar haciendo el camino de las obras de la misericordia, dando todo el amor que nace de Dios.

“Hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes, que no quieran vivir sus vidas «a medias», jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles, a semejanza de Cristo, que se entregó completamente por nuestra salvación. Ante el mal, el sufrimiento, el pecado, la única respuesta posible para el discípulo de Jesús es el don de sí mismo, incluso de la vida, a imitación de Cristo; es la actitud de servicio. Si uno, que se dice cristiano, no vive para servir, no sirve para vivir”, decía el Santo Padre en el viacrucis de la JMJ en Polonia.

Hemos escuchado también que la “misericordia tiene rostro joven”, con ello el Papa Francisco ha insertado a los bautizados en el corazón de Cristo para darles a conocer el valor del verdadero amor, allí debe estar nuestro corazón unido al de Jesucristo que con su rostro sereno se transfigura para iluminar a la humanidad.

Ante las falsas expectativas que nos ofrece el mundo actual, es urgente focalizar el tesoro que atrae nuestro corazón para que no quedemos vacíos con estas efímeras ofertas; que por el contrario unidos al corazón de  Cristo encontremos la alegría de la misericordia para estar “preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada” (LC 12, 40).