08 octubre 2016

“Ten compasión de nosotros”



La misericordia de Dios jamás consigue obstáculo para tocar el corazón del hombre. Y quien percibe la misericordia de Dios no puede contener el deseo de ser saciado por su amor, por ello el cristiano de auténtica fe siempre regresa para glorificarle. Así en el Evangelio (Lucas 17, 11-19), los hombres que caminaban errantes fueron alcanzados por la gracia de Dios y por su fe les premio.

“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros” (Lucas 17, 13), fue el especial grito de quienes han sentido la necesidad de saciar con la misericordia de Dios las heridas que siempre deja el pecado.

Pero para alcanzar esa gracia debemos preguntarnos si somos capaces de dialogar con Jesús, para mirarlo a través de los sacramentos y reconocer ante Él nuestros pecados y, por la autenticidad de nuestra fe ser sanados.

El Papa Francisco en su catequesis recuerda lo ilimitado que es este amor de Dios. Dice: “el amor de Dios no tiene límites: podemos descubrir señales siempre nuevas que indican su atención hacia nosotros y sobre todo su voluntad de alcanzarnos y precedernos. Toda nuestra vida, incluso viéndose marcada por la fragilidad del pecado, está bajo la mirada de Dios que nos ama” (Audiencia Jubilar, 10-09-2016).

La compasión de Jesús que sana y premia nuestra fe, también genera una repuesta en quien recibe su gracia. Y esta repuesta es el signo de verdadera fe, del hombre y la mujer que recibe la misericordia para multiplicarla en la caridad con el prójimo.

Oremos como los leprosos del Evangelio: “Jesús te compasión de nosotros”, pero también aumenta nuestra fe para abrir nuestro corazón a tu gracia misericordiosa y retornar siempre a tu encuentro a pesar de nuestras debilidades, pues tu amor no tiene límites para invitarnos a la conversión.