22 octubre 2016

Una Iglesia madre y en salida



“La Iglesia es, en medio de la humanidad, la primera comunidad que vive de la misericordia de Cristo: siempre se siente mirada y elegida por Él con amor misericordioso”, manifiesta el Papa Francisco en el mensaje de la Jornada Mundial de las Misiones 2016; presentando así, la imagen de una Iglesia “madre” y en “salida”.

Una madre que con cuidado maternal toma a sus hijos para curar sus heridas, y proveerles el alimento que nutre el alma -Jesucristo-, es el perfil que podemos apreciar en la Iglesia en salida que propone Francisco. La Iglesia madre que no escatima esfuerzos para rescatar a sus pequeños del peligro.

Es una fotografía muy tierna, que jamás quedara en mero sentimentalismo si los miembros de la Iglesia llamados a anunciar el Evangelio, lo hacemos guiados por el amor consolador del Espíritu Santo, para salir al encuentro de quien no conoce, o conociéndolo no vive, el Evangelio.

Expresa el Santo Padre en su mensaje del Domingo Mundial de las Misiones que “el término usado por la Biblia para referirse a la misericordia remite al seno materno: es decir, al amor de una madre a sus hijos, esos hijos que siempre amará, en cualquier circunstancia y pase lo que pase, porque son el fruto de su vientre. Este es también un aspecto esencial del amor que Dios tiene a todos sus hijos, especialmente a los miembros del pueblo que ha engendrado y que quiere criar y educar: en sus entrañas, se conmueve y se estremece de compasión ante su fragilidad e infidelidad (cf. Os 11,8). Y, sin embargo, Él es misericordioso con todos, ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cf. Sal 144.8-9)”.

Una Iglesia madre y en salida, es misionera y testigo de la misericordia, es el desafío del cuerpo místico de Cristo no sólo en lugares de lejanía misión sino también en los ambientes particulares, en los cuales, cada bautizado debe cumplir su misión evangelizadora.