08 enero 2017

De la Epifanía al Bautismo: configuración con Cristo



La Epifanía del Señor, la manifestación de su misericordia a la humanidad nos lleva  a la meditación de nuestro bautismo –también con la Fiesta del Bautismo del Señor- para recordar nuestros compromisos bautismales, aquellos que nos hacen Hijos de Dios. No solamente como un título sino como una realidad de la vida cristiana, es decir, configurándonos con Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica (1272), los explica: “incorporado a Cristo por el Bautismo, el bautizado es configurado con Cristo (cf Rm8,29). El Bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character) de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación (cf DS 1609-1619). Dado una vez por todas, el Bautismo no puede ser reiterado”.

La manifestación del amor de Dios la debemos vivir cada día con el compromiso de ser verdaderos hijos de Dios, para obtener así también los frutos de la Salvación. Es conveniente que reconozcamos con el corazón al Hijo amando de Dios, para vivir el bautismo como una permanente Epifanía del Señor en nuestra vida.